HABAS CONTADAS.

"Oficio que no da de comer a su dueño, no vale dos habas". (Miguel de Cervantes).
Probablemente el origen de esta planta se sitúe en Asia Menor y el Norte de África. Esta leguminosa, es conocida desde tiempos remotos, según se deduce de los hallazgos datados en el Neolítico, y sirvió como alimento al hombre de esa época en la cuenca mediterránea. Desde los orígenes del hombre en las culturas mediterráneas, el simbolismo enigmático de estas sencillas legumbres es realmente asombroso. En las sociedades primitivas las habas eran consideradas como el germen mineralizado del sol a través del cual la tierra concedía a los hombres sus frutos más profundos y nutritivos. Era conocida por los antiguos egipcios como una planta impura debido a la creencia de que escondía las almas de personas fallecidas. Según la misma convicción, habría sido suficiente echar una mirada a las habas, cuya vista los sacerdotes no podían soportar, para causar una desgracia en el más allá. En Egipto los campos de habas eran el “Ka”, la antesala donde los muertos esperaban su turno para surgir a la luz y reencarnarse de nuevo. Los hebreos la conocieron y la cultivaron, junto con la lenteja, según nos relata el libro del Rey David. La llamaban “gre”, que también quiere decir rumiar, indicándonos que se empleaba en la comida de los rebaños. Los pastores nómadas cuya subsistencia dependía de los rebaños, eran llamados despectivamente “comedores de habas”.
Los griegos, las cultivaron y consumieron, y del mismo modo que los egipcios le asignaban vinculaciones con los difuntos. También utilizaron habas secas para votar determinados castigos a sus conciudadanos. El médico griego Pedaneo Dioscórides de Anazarbe, nos habla de las habas a las que atribuye diversas virtudes medicinales. Según la escuela de Pitágoras, sus flores llevan la marca del infierno. Cuenta la historia que el matemático griego siendo perseguido por sus enemigos y desafiando los malos presagios que suponían pisotear a los difuntos, cruzó un campo de habas y todos sus discípulos desterraron ya la creencia. Plinio, aun apartándose del carácter desmitificador de los pitagóricos, aceptaba la vinculación de las habas con los muertos, pero le confería un aspecto positivo al imputarles poderes para comunicarse con los parientes difuntos, y así en las bodas les tiraban habas a los novios para que fecundasen hijos varones que reencarnarían las almas de sus antepasados.
Los romanos, que la llamaban “faba” no consiguieron librarse de la creencia. Por tal motivo en los días consagrados a Júpiter, no se permitía comer ni nombrar a las habas, consideradas alimento funerario, y por tanto de mal presagio. Aún hoy, los dulces con forma de haba se comen en Italia en el día de los Fieles Difuntos. En las llamadas “fiestas saturnales” que se celebraban en diciembre se elaboraban unas tortas redondas, con un premio dentro, destinado a los esclavos y consistía en un haba en el interior de la torta, para quien la encontrase, la recompensa era ser liberado durante el espacio de tiempo que durasen las celebraciones. Posteriormente la Iglesia transformaría el espíritu inicial de la fiesta de tal modo que en diversos lugares de Francia la figura del "rey haba" recaía sobre el niño más pobre de la ciudad. En lo que atañe a la elección de un rey, los laicos no quisieron ser menos que los eclesiásticos. Cada familia quiso tener su rey, cuyo nombramiento se entregaba a la suerte. Se inventó uno especial para la Epifanía, conteniendo un haba. Quien recibía el pedazo en que ésta se encontraba, era proclamado rey.
En la Edad Media, sólo se empleaban en la alimentación animal. En esa época se sustituyó el tradicional barbecho por la siembra de habas, eran un alimento de la clase baja, de ahí la expresión “no vale un haba”. Hubo ocasiones en que los panaderos debieron cumplir la orden de amasar su pan con harina de habas por escasez en las cosechas de trigo. Clemente de Alejandría, afirmaba que su ingesta provocaba esterilidad. Para San Jerónimo, eran afrodisíacas. En una epístola, prohibió las habas a las religiosas para evitar cosquilleos genitales. Demasiado presentes en épocas de hambre y en la Cuaresma, las habas, vieron decrecer su popularidad en la época medieval, cuando se consumían secas. Recuperaron el aprecio de los consumidores, cuando al imponerse su consumo en fresco durante el siglo XIII, alcanzaron la sofisticación de los platos con carne que se sirvieron en el periodo renacentista. San Alberto Magno, que difundió su consumo, decía que era una verdura humilde pero nutritiva.

Bodegón del plato de habas. (Rafael Zabaleta).
Siglos más tarde, las habas se incorporarían al ritual de grupos secretos y clandestinos. No en vano, la expresión "son habas contadas" se gestó en el seno de las sociedades masónicas, que se valían de habas tintadas para dirimir sus discrepancias mediante sufragio.
Espero que estos aspectos del haba os hayan resultado interesantes, al contrario del modismo existente en Andalucía del llamado “cuento de la haba que nunca se acaba” relato que parece ser prometedor y que acaba siendo repetitivo, interminable y aburrido. Cuento en el que no se cuenta nada y que se agota en sí mismo como recurso expresivo. Es la razón por la que se usa este modismo para aludir a un asunto cuya solución no parece tener fin por una serie indefinida de demoras en cuanto a su conclusión. Por el contrario este ha llegado a su punto final.

LAS OSTRAS EN LA PINTURA.

"La ostra enferma porque tiene la perla: da gracias al cielo, pues te ennoblece con el dolor". (F. Rückert).
Mesa revuelta. (Theodor Smits)

Bodegon con ostras. (H. Loth f.)


Comiendo ostras.(Jacob Lucasz Ochtervelt)

Interior con dos mujeres y un hombre bebiendo y comiendo ostras. (Pieter de Hooch )


Ostras huevos y un pérol. (Luis Eugenio Meléndez)


Bodegon con gato y raya. (Jean Baptiste Simeon Chardin)


Naturaleza muerta. (Pieter Claesz)


Ostras y limones. (Jacob Fopens van Es)


Mesa. (Frans Ykens)


Bodegón. (Osías Beet)
Muchacha con ostras, (Jan Havicksz Steen)

La comedora de ostras. (James Ensor)

Pescado y ostras. (Edouard Manet)

Las ostras. (Georges Braque)
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LA MUJER QUE NOS ALIMENTA.


"Cuando juzgamos a una mujer no pensamos suficientemente en lo difícil que es ser mujer". (Paul Géraidy).

El pasado día ocho se celebró “El Día Internacional de la Mujer Trabajadora” o también “Día Internacional de la Mujer” reconocido por las Naciones Unidas y día que conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. Si hay un reconocimiento pendiente hacia el mundo femenino es sin lugar a dudas reivindicar el papel impagable e incuestionable que la mujer ha jugado desde el principio de los tiempos en la alimentación del género humano.

Si bien se cree que la alimentación de los primitivos cazadores-recolectores de la Prehistoria, era dependiente de los productos de la caza, existen diferentes estudios, que ponen de manifiesto que, en realidad, la mayoría de los alimentos procedían de la recolección, tarea femenina. Desde la prehistoria, las mujeres, como los hombres, han asumido un papel cultural particular. En sociedades de caza y recolección, las mujeres casi siempre eran las que recogían los productos vegetales, mientras que los hombres suministraban la carne mediante la caza. A causa de su profundo conocimiento de la botánica, la mayor parte de los antropólogos creen que fueron las mujeres quienes condujeron las sociedades antiguas hacia el Neolítico y se convirtieron en las primeras agricultoras.

No obstante algunos trabajos de orden antropológico han ayudado a echar por tierra ciertos estereotipos sobre los grupos de cazadores y recolectores apoyando la teoría de que la carne y la caza no son tan importantes en el proceso de hominización. El sector femenino de mano de obra era el único verdaderamente productor de calorías. Los hombres cazaban pero este aporte no constituía más que una tercera parte del total del consumo de calorías. Resulta ser falsa, la idea generalizada en occidente, que considera que en la Prehistoria los varones cazaban y las mujeres cocinaban lo traído por sus esposos. Este estereotipo es consecuencia de proyectar sobre el pasado la distribución de roles de la realidad inmediata, de las mujeres dependientes y los varones sustentadores jefes de familia, obteniendo la conclusión de que siempre ha sido así. Encubriendo la participación real femenina y cooperativa, ya que toda la banda cazaba y viajaba junta.

En tiempos atrás el rol de la mujer en el hogar era innegable y no saber cocinar era origen de vergüenza. Su autoestima estribaba mucho en sus cualidades culinarias. En el presente la necesidad de salir a trabajar y buscar una mejor calidad de vida, hace que no sea una prioridad la formación en la preparación de los alimentos. Hoy en día se presta más atención a la cocina como fuente de placer, no como algo de todos los días. Se le da importancia a la cocina y a la comida casera sólo para ocasiones especiales.

Por otra parte en el mundo actual y en la lucha contra el hambre, resulta esencial el papel de la mujer. Son las mujeres las que producen más de la mitad de todos los alimentos del mundo y destinan una parte mucho mayor de su dinero que los hombres en la alimentación del hogar. En las zonas subdesarrolladas, las mujeres proporcionan el ochenta por ciento de los alimentos que se consumen en el hogar y ejercen una función determinante en la producción de cultivos básicos, principalmente cereales como el arroz, trigo y maíz, base de la alimentación humana. No se puede hablar de estrategias contra el hambre sin contar con la intervención activa y en condición de igualdad de las mujeres, proporcionando la igualdad de posibilidades a las mujeres en la educación y aprendizaje respecto de la producción, elaboración y comercialización de los alimentos.


Mujer en la cocina. (Viggo Johansen).

Desde que la mujer no cocina se come peor, es pues que el rol tradicional que ejercía el ama de casa debería asumirlo el grupo familiar. En las generaciones inmediatamente anteriores a la actual comandadas por el ama de casa como figura de la alimentación tradicional española se comía con menos dinero, más variado y de forma más relajada. Tenemos pues que concluir que en la actualidad se come peor, debido a las circunstancias sociológicas que rodean el hecho alimentario. Se necesita que el grupo familiar se replantee el cambio, a pesar de que las familias han cambiado su estructura organizativa, no podemos asumir que el papel que se adjudicaba únicamente la mujer, ahora no lo tenga nadie. Es necesario y fundamental desde un punto de vista sanitario y nutricional que no obviemos esta circunstancia. Desde esta perspectiva las estrategias que deben de poner en marcha las instituciones públicas para fomentar este cambio alimenticio deben estar enfocadas a la educación alimentaria de la población y contar con el apoyo incondicional de las empresas del sector agroalimentario con el fin de que participen directamente en la mejora social de la alimentación del país.

Sirva pues este articulo como homenaje a todas las mujeres que a lo largo de la historia nos han alimentado y han contribuido de manera decisiva a la evolución de la humanidad y a las que actualmente plantan cara de forma valiente y determinante contra la vergüenza humana del hambre.



Homenaje a la mujer agricultora.