CHARLES MAURICE DE TALLEYRAND ( 1754-1838)

«El único rey al que no he traicionado ha sido el rey de los quesos: el queso de Brien». ( Charles Maurice de Talleyrand )

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Charles-Maurice de Talleyrand.


A lo largo de la historia han existido personajes que, han pasado a la posteridad por su relación con la cocina, con la gastronomía; los ejemplos serían innumerables pero seguramente ninguno equiparable a Charles-Maurice de Talleyrand.
Talleyrand, que sirvió a lo largo de su vida pública a la República, al Directorio, a Napoleón y a Luís XVIII, fue varias veces ministro de Asuntos Exteriores, y siempre mantuvo que para el éxito de las negociaciones era más importante contar con buenos cocineros que con buenos diplomáticos. Naturalmente, él tuvo a su servicio al mejor de su época, Antoine Careme. Sabemos de su delicadeza, de su exquisitez, como sabemos que volcaba todos sus esfuerzos, tanto gastronómicos como diplomáticos, en las cenas.
Príncipe de Benevento, Obispo de Autun, Ministro francés y embajador, a quien la gastronomía ayudó mucho. Él recibía cada mañana el proyecto de la minuta de una sola comida que tomaba, que era la cena. Para cenar tenía ordinariamente, diez o doce invitados y la minuta se componía de sopas, dos platos de pescado, cuatro entradas, dos asados, cuatro entremeses y los correspondientes postres. Además de ser un extraordinario gastrónomo y anfitrión, Talleyrand fue también un buen conversador. La mesa y la sobremesa de Talleyrand eran tan importantes casi como su cocina, como su calidad de gourmet. Pensaba que una forma de gobernar era mediante la mesa. Talleyrand decía que un buen cocinero era más importante en el momento de las negociaciones que los mejores diplomáticos En una ocasión Napoleón le preguntó cómo había llegado a ser el mejor conversador de su época. A lo que Talleyrand respondió: "Bien, señor, del mismo modo que su majestad escoge a poder ser el campo de batalla para librar su combate, yo escojo también el terreno de la conversación." No es de extrañar, pues que haya pasado a la historia como uno de los grandes diplomáticos, como un hombre que ha sido el ornato de cualquier mesa porque unía el refinamiento del gastrónomo, la autoridad irreprochable del anfitrión y la soberbia inteligencia del conversador. Tenia fama, no obstante, de ser personalmente sobrio, durante el dia sólo tomaba varias tazas de infusión de manzanilla y en la cena sólo consumía la sopa, pescado y un plato fuerte : filete de corazón de ternera o costillas de cordero asadas. No tomaba postre y bebía vino de Burdeos y un poco de Jerez.

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